viernes, 31 de octubre de 2014

Nunca des nada por perdido; ya que puede ser el comienzo de algo maravilloso.

"Nunca des nada por perdido; ya que puede ser el comienzo de algo maravilloso". Esto afirmaba el célebre pintor, decorador y cartelista francés Paul Colin allá por el siglo XIX. Creo que es una frase que refleja lo que debo hacer. Tras una semana de pesar, he comprendido que debo darle un sentido a mi vida, mejor, más amplio y ambicioso que compadecerme y hacerme el miserable por mi tristeza. Pero antes, os contaré como ha ido mi semana.

Los primeros días apenas podía creerlo. Cuál era mi sorpresa que la persona que amaba me deja por sorpresa y sin darme opción. Es cierto que creo ciegamente sus argumentos y la apoyo si es para que se sienta mejor consigo misma; pero aún así no podía dar crédito a pasar más de un día sin ver su hermosa sonrisa.

Los nervios, la desesperación, la tristeza, la añoranza... todos esos sentimientos formaban en mi un cóctel letal que no me permitía pensar, ni centrarme. Sólo pensar en ella y en mi pena. Tenía la cabeza sin control. Tal es así, que el sábado por la noche, para evitar sospechas de mi madre por no salir (ya que se olería que algo va mal) y porque conducir normalmente me relaja, decidí salir a dar una vuelta. Hice un recorrido que he hecho mil veces, de mi pequeña gran ciudad hasta la capital y volver. Sin embargo, esa noche, el coche no era suficiente para centrarme y me cazó un radar a más velocidad de la permitida ¡Lo que me faltaba! No tenía suficientes penas en mis ojos, como para añadir una más por ser un estúpido.

El martes, día que acudo a la academia de oposiciones, comencé a pensar en Elara mientras estaba en clase. No pude evitarlo. Pensar y pensar... Mientras volvía en el coche, seguía pensando en ella. De esta forma, cuando llegué a mi localidad, estaba hiperventilando y con dolor en el pecho. Apenas podía mantener una tranquilidad exterior mientras caminaba por la calle. A duras penas alcancé mi casa, y allí logré, por fin, respirar un poco.

Me he pasado toda la semana con una sensación muy extraña. Cuando estaba sólo estaba tranquilo, pero tenía miedo; y cuando estaba en compañía me sentía arropado, pero me entraban ganas de llorar. Es una sensación extraña. Algunos de mis amigos, como Gisceo, que nos conocemos de toda la vida, nunca me había visto tan afectado. No pude evitar llorar delante de él, pues apenas 10 minutos antes había pasado por casualidad delante del trabajo de Elara y la había visto en la puerta hablando con algunas compañeras. En una milésima de segundo pude ver su sonrisa y eso me tuvo todo el día con lágrimas en los ojos.

Puedo decir que tengo el corazón roto. Yo me siento que estoy roto. Sin embargo, me he propuesto alcanzar una ambiciosa meta: el 2 de Julio de 2015. Fue el primer día que quedé con ella, sólo que un año más tarde. Por eso llamo a este blog "el último año de mi pasado". Tengo muchas cosas que hacer este año, muchas que dejar atrás y zanjar así, de una vez por todas, mi frustrada adolescencia.

De este modo, el 2 de Julio acabará el horario que me he creado. Está dividido en semanas. Exactamente quedan 34 semanas para alcanzar esa fecha. En ellas, tengo especificado qué temas he de estudiar para las oposiciones, cuando hacer repasos generales, también cuando tomarme algún día de descanso y por último darle tiempo a Elara para que se aclare. Son ocho meses. "Sólo ocho meses" me digo a mi mismo. Eso se pasa en nada. Así que el invierno va a ser largo y frío, aunque quiero pensar que Julio está a la vuelta de la esquina. Pero llegará y estoy convencido que todo saldrá bien. Porque éste año pienso hacer todo como nunca antes he hecho en mi vida: pensar qué quiero, plantearme cuales son mis objetivos y conseguirlos.

jueves, 30 de octubre de 2014

Un pesimista ve dificultad en cada oportunidad, un optimista ve oportunidad en cada dificultad.

"Un pesimista ve dificultad en cada oportunidad, un optimista ve oportunidad en cada dificultad"... Eso afirmaba el célebre Primer Ministro británico Winston Churchill y yo también lo creo. Así pues, me encuentro en plena encrucijada. Es el primer reto que tengo que superar. Debo elegir si prefiero ver, en la dificultad en la que vivo, una oportunidad para mejorar o bien caer en el pesimismo. Y he decidido, firmemente, que tomaré la primera opción.

Éste es el principio de mi historia...

Siendo sincero conmigo mismo, hacía ya un tiempo que la notaba extraña. Y cuando digo extraña quiero decir que no estaba como siempre. Sonreía menos, gastaba menos bromas, a veces evitaba las caricias... (dejo de lado que en ocasiones fuese cortante o seria). Achacaba esta actitud a que desde mitad de septiembre había comenzado a trabajar y estudiar en varios sitios. Ésto le llevaba a pasar la mayor parte del día ocupada, no sólo en los lugares donde realizaba estas actividades, sino también en su casa.

Así pues, evitaba decirle nada que pudiese agobiarle, lo último que quería es que se preocupara más; pero probablemente ésto fue un error por mi parte, ya que así solamente daba la imagen de ser un pusilánime que evitaba apoyarla enfrentándose a la realidad, a su dura realidad en la que estaba tratando de encajar. Después de todo, una relación no se fundamenta tan sólo en el cariño que le daba y las sonrisas que procuraba sacarle cuando estábamos juntos...

Sin embargo ese viernes gris no me lo esperaba. Elara (así la vamos a llamar de aquí en adelante), estaba más distante de lo habitual, pero yo lo achacaba inocentemente a una mala semana de trabajo. Eran las seis y poco de la tarde cuando me envió un whatsapp diciéndome "necessite parlar". Ahí me quedé roto, en seguida supe que iba a decirme. No me lo esperaba en absoluto y no supe que responder más allá de un "val".

Recuerdo esos veinte minutos de espera hasta la hora de la cita con desesperación. No podía dejar de andar de un lado a otro de la habitación, queriéndome imaginar qué me iba a decir. Cuando llegué al lugar, allí estaba ella, sentada, mirando unas fotocopias aún calientes. Le dije hola y me quedé parado. Ella se levantó, y aunque sabía que estaba perdido, dí mi último beso en sus labios.

Mantuvimos una charla intrascendente hasta que llegamos a una cafetería. Tengo un recuerdo negro de ese lugar. Rodeados de gente, amable, habladora, con niños, nos pedimos dos cañas, como solíamos hacer. Pero ella pronto empezó su discurso.

Mis ojos tardaron poco en soltar las primeras lágrimas. No podía creerme que estuviera en esa situación. Quién lo hubiera dicho tras el fin de semana tan bueno que pasamos la semana anterior, o el viaje al extranjero que tuvimos dos semanas atrás... Pero el caso es que allí estaba yo, conteniéndome como podía las lágrimas para evitar ser el centro de atención de una cafetería abarrotada. Elara no paraba de hablar.

Los argumentos que me dio fueron sorprendentes. Ella se sentía muy agobiada por tener tanto trabajo y por los estudios, y quería hacerme comprender que iba a estar así todo el año. Pero además de esto, aludió a que llevaba un tiempo dándose cuenta que aún no había olvidado ciertas cosas de la relación anterior, que había durado cuatro años. No pongo en duda ninguno de estos argumentos. No obstante siguió diciendo que en ningún caso me había engañado con otro, que no era eso, que lo que necesitaba es aclararse ella misma. Supongo que para superar su anterior relación, de la que por cierto se acabó hace más de año y medio, por infidelidades de él y de quien no había vuelto a saber nada. Por eso no podía mantener esta relación conmigo. Entre la sorpresa y el desconsuelo yo apenas podía hablar. Afirmó que era todo lo que buscaba en un hombre; que al principio, creía que podía "dármelo todo", pero que se había dado cuenta que no era así, y no quería alargarlo más, ya que sino, acabaría haciéndome más daño. En conclusión: necesitaba buscarse a ella misma.

Llamadme necio si queréis, pero creo ciegamente todo lo que me dijo. Puede que el argumento de "no es por ti, es por mi" sea excesivo, porque no dejo de pensar que algo habré hecho yo, algo no le habrá gustado de mi o la habré cagado de alguna forma; ya que si realmente no es por mi ¿por qué no me deja estar a su lado para quererla y ayudarla? A veces pienso que es imposible que yo no tenga nada que ver en esta decisión. Igual estoy siendo demasiado duro conmigo mismo... o igual ella ha sido demasiado blanda conmigo.

Sea como fuere, ahora tengo la duda de: ¿Es el punto final entre nosotros dos para o solo es un punto y a parte? Esta pregunta es la más difícil que he hecho nunca y la que más miedo me da preguntarle. Sé que me diría que no, pero en el fondo ambos sabemos que no tiene respuesta.

Aunque mantuvo bien las formas, al final estaba bastante afectada. De hecho, la consolé con algunas muestras de cariño. Era lo mejor que podía hacer, porque hablar nunca ha sido mi fuerte y más en esta situación. Para acabar, decidí que ni uno de los momentos más tristes de mi vida iba a cambiar mi forma de ser. Así que me levanté y fui hasta la barra para invitarla a la caña y después la acompañé a casa. Me despedí de ella junto a su portal, dándole un beso en la mejilla y un fuerte abrazo.

Ella se equivoca, no es que lo crea, es que se equivoca. Me parece que en el fondo es plentamente consciente de eso, sabe que la persona que supera los recuerdos del pasado lo hace siendo feliz en el presente; es la única forma de seguir adelante. Sé que no soy perfecto, es más, estoy muy lejos de serlo, pero Elara puede tener claro que nunca he hecho nada con la intención de hacerle daño y no voy a cambiar ahora. La quiero de verdad, estoy enamorado de ella. Me da igual si hemos pasado juntos cuatro meses (increíbles, como hacía muchísimo tiempo que no había pasado con nadie) o quince años, porque lo importante es lo que siento. Y lo tengo claro...

T´estime Elara.


La servilleta de la cafetería que enrollaba y desenrollaba una y otra vez mientras Elara me dejaba,
es lo único que me queda de aquel viernes gris.