viernes, 30 de enero de 2015

El Imperio contraataca.

Ayer iba por la calle con mi amiga Cat, que como es un auténtico desastre había perdido su boina favorita e íbamos por las calles haciendo el sentido inverso a su recorrido para ver si la encontrábamos, porque estaba convencida que se le había caído por ahí (al final no la encontramos). Pero lo que si encontré es al amigo de Elara, el mismo con el que ya me crucé hace un par de semanas. Le vi de lejos y él me vio a mi. Sin embargo, conforme me iba acercando él, sacó el móvil y empezó a hablar por teléfono. Íbamos paralelos por la calle, cada uno por su acera. Al cabo de unos segundos Elara salió de una cafetería y avanzó unos metros para encontrarse con él (está casado, no penséis mal). Yo iba justo por la acera de enfrente, a apenas cinco metros de ellos, y  parece que no me vieron, o mejor dicho, no quisieron verme. Es seguro que él la llamó para ver dónde estaba y quien sabe, puede que le dijera que yo estaba en esa misma calle y ella salió para demostrar que tiene huevos (ya os he comentado otras veces que Elara tiene mucho orgullo). Otra vez más me acuerdo porque no quiero andar por las calles del centro.

El caso es que me quedé mirándoles como un gilipollas con la intención de saludarles en cuanto miraran (si, con una sonrisa en la cara y la mano preparada para decirles: ¡Hola!, y si tenía buena acogida, cruzar y hablar con ellos), todo esto mientras mi amiga Cat estaba desesperada mirando a ver si encontraba su boina y no paraba de hablarme (ajena a lo que estaba pasando). Finalmente ellos se metieron en la cafetería mientras nosotros seguíamos andando por la calle. Fueron apenas unos segundos, pero me han dado mucho que pensar porque, precisamente esta semana tenía en mente enviarle un whatsapp a Elara para preguntarle que tal está. Después de esta escena, puede que lo mejor sea que mantenga la dignidad y no le envíe nada. Por un lado me gustaría realmente saber como se encuentra, que le va bien, pero como sus respuestas van a estar medidas y vamos a tener una conversación de lo más vana sin que ella muestre ningún interés en mantener el contacto conmigo, como ha echo en anteriores ocasiones, creo que me invita a no hacerlo ¿Me está poniendo en la tesitura de dejar morir la amistad? Sinceramente, no es lo que quiero.

Tengo que admitir, no sé si fue por la sorpresa o no, pero no me impactó verla, no sentí esa sensación que te aprieta el pecho, lo cual ahora me hace sentir bien. Lo que si me jode es que hace menos de una hora publique en su muro de Facebook un link sobre las 8 diferencias entre terminar una relación a los 18, 25 y 30 años, que va claramente dirigido a hacerme daño. Además de innecesario, lo veo agresivo y despectivo hacia mi persona. Yo no me he comportado de esta forma nunca, tratando de hacerle daño a propósito; es más, me parece infantil. Por desgracia, el Imperio contraataca implacable.


Puede que penséis que estoy demasiado pendiente de lo que hace o publica. No es así, he visto en artículo porque es inevitable que lo vea antes o después. También de no haber pegado un grito desde la acera de enfrente para llamar su atención y la de su amigo, cruzar y saludarles. Pero además de tímido, no soy de los que grita a menudo. Ya puse mi mejor sonrisa para tratar de saludarles desde la acera de enfrente y estoy convencido que me vieron, sobre todo él. Además, lo del link al artículo de hoy que ya os he puesto, es totalmente innecesario; podéis extraer vuestras conclusiones... 

Creo que está claro que está jodida. No sé si porque no le doy coba, porque le ha molestado algo que he hecho (o no he hecho) o bien, sencillamente, porque está cabreada con ella misma. En ese caso debería pagarlo con su orgullo, no conmigo.

Por ahora ya me ha roto la tarde de estudiar las oposiciones. Menos mal que es viernes por la tarde y no me viene mal tomarme un descanso. Como veis, siempre miro el lado brillante de la vida (Always look the bright side of life). Me encanta esta canción de La vida de Brian. Además, me siento bien porque, aunque hecho de menos su recuerdo, Elara ahora es una mujer que me ignora cuando paso por la acera de enfrente... y yo a ella no; ella publica cosas en su muro para hacerme daño y yo no. Seré un gilipollas, si; pero un gilipollas cortés y noble.

"...solo recuerda que la última risa es tuya"

lunes, 26 de enero de 2015

Cuarta Parte: la decisión.

Ahora pienso: ¿Cómo vivir? A lo largo de este mes he hablado de una sensación que nos afecta a todos en algún momento de nuestras vidas. Es ese momento en el cual, tras una ruptura, comienzas a darte cuenta que la vida sigue, que está llena de posibilidades y sólo tu tienes la llave de tu destino. Sin embargo, esta sensación no está carente de efectos negativos. El miedo y los temores interiores vuelven a resurgir.

Desde mi experiencia personal, tal como os he ido contando. Lo primero que surge es la casualidad. He vuelvo a ver que el mundo está lleno de gente para conocer, para disfrutar, en definitiva para vivir. El periodo en el que no quería salir de casa y me pasaba todo el día pensando en Elara ya pasó. Aunque eso no quiere decir que haya superado del todo el desamor, Elara sigue presente como las olas de la playa que van y vienen. Las casualidades de enero hicieron que el 2015 empezara con fuerza, trayéndome a dos gratas "casualidades": Mia y Pelirroja.

No sé si será por mi culpa, también por la suya, o probablemente por ambas cosas, pero en ninguno de los dos casos, al menos por ahora, la realidad supera a las expectativas, como le ocurre a Tom en (500) días juntos (en mi caso fueron 116; si, los he contado). Siempre pueden cambiar las cosas, pero lo que es seguro es que aún quedan muchas casualidades por descubrir.

Las ideas que extraigo de esa primera parte de las casualidades es que hay que relacionarse con el mundo para que me pasen, que son importantes y nos guste o no, determinan nuestra vida. Estoy abierto a las casualidades, y por suerte, estoy dispuesto a descubrir qué me deparan, mirando más allá de la primera imagen y valorando a la gente como se merece. Pero única y exclusivamente soy yo quien aprovecha las casualidades o no, eso me queda claro; la responsabilidad es mía.

Lo segundo que he descubierto es que el corazón, la cabeza y el sexo van cada uno por su lado cuando te sientes solo. Que en mi interior hay nubes y claros. Es una división interna donde cada uno tira para su lado ¿A quién no le gusta sentirse querido o deseado? Pero dejarse llevar por los placeres, cuando la cabeza no está centrada del todo y el corazón aún tiene presente la última herida, no es buena idea. Pero está bien volver a sentir esos pensamientos y sensaciones que hacía tiempo que tenía olvidadas. Los claros dominan el clima frente a la probabilidad de nubes, sin embargo, llegarán esas agradables tormentas de verano cuando el tiempo mejore.

Tras esto, lo tercero que me di cuenta es que ante cada situación nueva que siento o se me presenta, aparece la balanza, ese juicio interior por el cual no dejo de valorar los pros y los contras de las situaciones. Aquí resurge el miedo y el riesgo a tomar decisiones que pueden provocarme más daño, cuando aún no estoy del todo recuperado de las heridas de mi última batalla. Tienen una parte positiva, sirven para ponerme a tono, para reflexionar y sincerarme conmigo mismo, sabiendo exactamente en qué punto me encuentro.

Esta balanza no deja de lado que el pasado sigue ahí. Siempre seguirá ahí. Es más, desde mis primeras entradas dije que no quería olvidar a Elara. Lo que quería era que siguiera formando parte de mi vida, porque quiero tenerla toda la vida en mi corazón como un bello recuerdo. Se convierten en recuerdo aquellos momentos que entendemos su valor. Por eso no voy a dejar que Elara me abandone. Hace apenas unos días, mi amiga Cat, que está en una situación similar a la que estoy pasando yo, me preguntó -¿Cómo lo haces? ¿Cómo puedes soportar que te haya echado de tu vida? Yo no puedo aguantarlo-. Le respondí -Yo tampoco puedo-, que hay momentos en los que saldría a la calle a buscarla allá donde estuviese para rogarle que volviéramos a estar juntos. De echo, ya os conté que le dejé una pequeña flor blanca sobre su coche porque es lo que siempre hacía cuando estaba con ella este verano. Pero aseguré a Cat que ante estas situaciones no hay más remedio que resignarse... que hay que aceptar el fracaso, la derrota; supongo que es inevitable ser débil, sufrir y pensar (y hacer) alguna que otra tontería, como quizás he hecho yo este mes.

No es cuestión de pesar todo en la balanza para no asumir riesgos, para no evitar decepciones. Sino precisamente para valorar las cosas en su justa medida y asumir riegos que el ánimo y la ilusión permitan.

Es precisamente esto que le dije a Cat, unido a la balanza lo que me está haciendo preguntarme últimamente ¿Hice bien con Elara? Realmente mi dignidad de aceptar lo que me expresó, de encajarlo a pesar de no estar de acuerdo y sobre todo creer tan ciegamente lo que me dijo que en ningún momento le manifesté mis sentimientos, como he sufrido en este tiempo o preguntarle si existe la posibilidad de volver, que tal vez he cometido un gran error al ser tan noble, tan digno y resignado, que quizás perdí la última oportunidad de estar con Elara. Imaginar, que me cuesta hasta enviarle un Whatsapp para preguntarle como está, porque no quiero molestarla ni incomodarla. Creo que ella tiene demasiado orgullo para decirme que se ha equivocado, para intentar mantener la amistad y en particular para asumir que valgo mucho y que ha cometido un error dejándome. Puede que no piense esto, pero si lo piensa, su orgullo no la dejará hacer nada y por ende, parece que la carencia de orgullo en mí, tampoco me ha dejado hacer nada.

Sin embargo, me inquieta lo difícil que es perder la esperanza. Podría preguntar a Elara si su decisión es definitiva, aunque llevo desde Navidades sin whatsappear con ella y si lo hago no será para pedirle explicaciones. No me dejó por otra persona o me puso los cuernos, lo cual, evidentemente, pondría todo mucho más claro y carente de esperanza. Aunque me convencieron sus argumentos no dejó clara una respuesta a esta pregunta. Y por eso, mientras no esté resuelto del todo, mientras no quede claro, siempre habrá pie a la esperanza. Podría preguntarle, claro. Pero me atormenta pensar en hacerlo y ponerla en el dilema de darme una respuesta definitiva, que como he dicho, por cuestión de orgullo y para evitar hacerme daño, me diría que no hay esperanza, aunque pensase lo contrario. Yo haría lo mismo. Darme esta respuesta supondría que ya sería definitiva, y por eso no quiero preguntarle.

Ahora, como un explorador, mantengo el rumbo con mi cabeza y algo de corazón. Son la mejor brújula que tengo para seguir avanzando. El 2 de Julio, el día que quedé con Elara por primera vez, nada más acompañarla a su casa lo tuve tan claro... era ella. Fue todo tan perfecto que durante las primeras semanas apenas pude creerme que fuera real y que ésto me estuviera pasando a mi. No es que lo haya idealizado, era así. Todos los días la veía y todos los días eran especiales para mi. Ella sentía lo mismo (No hay nada mejor que ser correspondido ¿verdad?). Me hizo sentirme feliz. Esa es la sensación por la que no quiero olvidarla. También es ese el motivo por el que no quiero usar a las personas como su fueran "quitapenas". Sería deshonroso por mi parte y creo que no me ayudarían en nada. No quiero ilusionar a una persona con palabras si no voy a poder corresponderle con acciones. Prefiero seguir avanzando por el océano, aunque esté sólo, porque sé que tarde o temprano llegaré a tierra firme, a aquella costa en la que encuentre a alguien que me guste de verdad y me corresponda, que me llene, tal como me pasó este verano con Elara, que después de estar con ella la primera vez, vuelva a decir: es ella.

Éste es mi rumbo. Ésta es mi decisión.

En realidad mis "problemas" no son graves; tienen solución. En mi caso sólo hace falta un poco de paciencia, cien gramos de tiempo y unas cucharadas de buenas casualidades que me provoquen emoción y no temor. Porque a veces nos centramos tanto en nuestros propios pensamientos que olvidamos los sentimientos de los demás. No somos los únicos que sufrimos. Aunque este blog me sirva para descargar mi conciencia cada uno de vosotros, de quienes me leéis, tenéis vuestras propias inquietudes, que también merecen ser leídas y escuchadas.

El viernes estuve hablando con mi amiga Diana. Hacía tiempo que no nos veíamos y teníamos que ponernos al día. Cuando llegué a su portal, no dejaba de pensar cómo le iba a contar todo lo que me está pasando últimamente y lo que estoy sintiendo. No quería aburrirla con mis problemas. Pero después de pasar toda la mañana con ella me di cuenta que es egoísta pensar que solo soy yo quien tiene cosas que contar. Ella tenía mucho más de que hablar. De hecho, a su lado, sentí que mis asuntos carecen de importancia, pero sobre todo envidié su estoicismo para afrontar situaciones mucho más complicadas que la mía, para salir adelante, como siempre ha hecho.

Para Diana, para Cat, para todos los que me leéis y para mi, va dedicada esta entrada. Porque sea lo que sea que nos encontremos a lo largo de nuestra vida y sea cual sea las decisiones que tomemos, lo importante es, después de todo, seguir nuestro propio camino, con la mirada optimista puesta en el horizonte por muy difícil que sea la situación, porque todo se supera. Ésa es la auténtica decisión.

"No tratéis de guiar al que pretende elegir por sí su propio camino"
William Shakespeare

sábado, 17 de enero de 2015

Tercera Parte: la balanza.

Después de una ruptura dolorosa se coge miedo. Al principio no le prestas atención, sabes que está ahí, pero uno está más centrado en cerrar la herida que en este sentimiento. Sin embargo, cuando pasa el tiempo y vuelves a relacionarte con el mundo, éste te emociona, te hace sentir bien; y es entonces cuando el miedo se abalanza sobre ti. El que avisa no es traidor. Sabes que aún tienes dentro la herida, que está cerrada, pero sigue doliendo y no quieres volver a sufrir de nuevo. Es entonces cuando hay que enfrentarse a una decisión difícil de tomar: seguir adelante y arriesgarse de nuevo o no. El riesgo está en una balanza que nos sirve para valorar y decidir, para medir el peso del miedo, de aquello que estamos dispuestos a asumir, a ganar y a perder.

Tras las casualidades y las tormentas interiores más o menos fuertes, llega el turno de la reflexión. De sopesar los pros y contras de la o las situaciones que uno vive, siente o puede llegar a hacerlo. También lo es de la sinceridad con uno mismo. Sin esta importante aportación, es imposible que la balanza mida la realidad de forma justa.

Por ejemplo, ya os he hablado de Pelirroja. Esa chica que está interesada en mi y a la que yo estoy también mostrando cierto interés. Pues bien, el miércoles quedé con los amigos para ir al cine para ver Corazones de acero, la última peli de Brad Pitt (malísima, por cierto). Al acabar, nos despedimos y cada uno se fue hacia sus coches. El mío estaba junto a la valla, donde crecía ese peculiar arbusto que da multitud de pequeñas flores blancas, las cuales si chupas el tallo es dulce. Estas flores crecían (y seguirán creciendo, digo yo) en la valla del piso de la playa de Elara; ahí donde pasamos tan buenas tardes de verano. Siempre que pasábamos por delante cogía una de esas flores blancas y se la daba a Elara, o bien se la dejaba dentro de su coche o el mío. De esta forma, el miércoles cogí una y la puse dentro de mi coche; pero, de vuelta a casa, parado en un semáforo en rojo, me di cuenta que un poco más adelante estaba aparcado el coche de Elara (vivimos en el mismo barrio, no es demasiada casualidad). Por lo que paré y se la dejé en el parabrisas. Sentí que ahí es donde debía estar. Así bien, lo que quiero decir con esta historia es que mi balanza lo tiene difícil conmigo. Trato de ser sincero y honesto en mi propio pensamiento, pero esto no lo hace más fácil. No puedo negar que muestro interés por Pelirroja, pero tampoco puedo negar que sigo pensando y queriendo a Elara. Es más, esta semana en la que he estado en la soledad de mi casa me ha producido que tenga la sensación de echar de menos a Elara.

Dicen que ser audaz es una de las mejores capacidades que se puede que tener. Pero claro, es difícil separar la línea roja entre audaz y temerario. Quizás, con esa tontería de la flor, Elara fue a coger su coche el jueves por la mañana temprano para ir a trabajar y la vio, quizás pensó (acertadamente) que era mía -Qué imbécil es...-, o bien podría haber pensado: -Qué detalle. Es genial que se siga acordando de mi-. Claro que también cabe la posibilidad más realista, que ni se haya fijado y la pequeña flor blanca acabase volando sin ninguna trascendencia.

Al día siguiente, durante la última tarde-noche que estuve solo, estaba particularmente azotado por las nubes (ya me entendéis). Para no hacer ninguna tontería decidí salir a pasear un rato por el centro. Las calles grises estaban alumbradas por las tenues farolas, muchas de ellas aún con decoración navideña, persianas que se bajaban y aceras donde apenas había gente que marchaba a sus casas para cenar. De improviso, crucé una esquina y me encontré con un amigo de Elara, me saludó amablemente y conversamos un poco. Fue un encuentro casual; sin embargo, cuando le dejé atrás comenzó a subirme la emoción desde el estómago hasta el pecho. Esa sensación que te aprieta el tórax y que tratas de controlar para no acabar con los ojos sonrojados (aunque creo que no logré evitarlo). En seguida me di cuenta que cruzarme con este amigo de Elara me había traído, en apenas un minuto, multitud de recuerdos. Como flashes, me vinieron a la mente muchos momentos vividos con Elara... la emoción y los recuerdos me desbordaron durante un buen rato.

Así pues, la casualidad y los miedos interiores hacen que debamos enfrentarnos a tomar decisiones, que conllevan más o menos riesgo (siempre lo lleva). Sin servir de precedente y porque sencillamente es perfecta para explicar mi última semana, la resumiré citando una frase del Presidente Mariano Rajoy (aunque parezca más de Groucho): "A veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión... que también es tomar una decisión". Finalmente he dedicado la semana a estudiar mucho (¡Viva las oposiciones!), a ir al gimnasio, hacer las cosas de la casa, ir a la academia de oposiciones y poco más. No he quedado con nadie, lo cual puede ser, sinceramente, un poco sombrío por mi parte.

De esta forma, estos días me han servido para comenzar a poner en la balanza qué es lo mejor para mi. No quiero precipitarme y acabar haciendo daño a Pelirroja, por ejemplo. Pero tampoco quiero quedarme anclado en el pasado con Elara y no seguir hacia adelante. Debo tener claro lo que quiero para no acabar haciendo daño a otras personas y a mi mismo. Como dije al principio, sé que las decisiones conllevan riesgo, pues escoger un camino u otro puede ser bastante diferente y por eso son difíciles de tomar. No puedo dejarme llevar por el miedo, claro, pero tampoco guiarme por sentimientos del pasado o irreales.

Pensar en esta balanza me ha planteado una duda muy importante. Acordándome del mito del juicio de la balanza de Osiris, donde Anubis (mal) y Horus (bien) miraban atentamente la balanza en la que el difunto ponía su corazón en un lado y la pluma de la verdad en el otro, así se veía si el fallecido había sido una persona honorable durante su vida o no. De esta forma, poniendo mi corazón en la balanza, sometido al juicio de la verdad, me planteo varias cosas. Durante el tiempo que estuve con Elara sentí cosas que hacía años que no sentía con nadie, aún las sigo sintiendo (aunque con algo de lejanía). Sé que realmente tuve una conexión especial con ella. Elara sigue poniéndose fotos que le hice en el perfil de Facebook y de Whatsapp ¿Es que pretende decirme algo? Quizás, que no me ha olvidado. Puede que la haya "respetado" demasiado, que el hecho de no haberle pedido más explicaciones, ni agobiarla, le haya dado la impresión que me he dado por vencido... y no es así, este blog lo demuestra. No he valorado nunca la posibilidad de "reconquistarla", de decirle que se equivoca, que sigo aquí, lo que aún siento por ella. Claro que, también cabe la posibilidad, de que haya actuado correctamente. Como conté unas semanas atrás, cuando le narré esta Navidad toda la historia a mi amiga Cat, me afirmó rotundamente que Elara se había dado cuenta de su error y que estaba jodida porque no me he "rebajado" a pedirle que volvamos a estar juntos, es más, seguramente le daba la imagen de que yo lo he superado al no "molestarla" en ningún momento (porque la respeto mucho y sé que está muy agobiada con todo); y sobre todo que se había dado cuenta del error que ha cometido.

Sin embargo también está Pelirroja. Es una buena persona e interesante, además, somos del gremio y tenemos gustos bastante parecidos, por lo que podemos hablar de muchas cosas y hacer numerosas actividades juntos. Si sigo adelante con ella, asumo el riesgo y evito el miedo, si me echo para atrás, como he hecho esta semana, le doy más tiempo a la reflexión, pero también puede que pierda tiempo y quien sabe, quizás una gran oportunidad de seguir adelante con mi vida y conocer a una gran persona.

De esta forma, entre unas cosas y otras, me encuentro bajo la atenta mirada de Anubis, quien me mira con sus ojos como el betún, impasible, esperando que el peso de la balanza decaiga hacia su lado, lo que me condenaría a caer en sus garras. O bien, puede que el peso de mi corazón y la pluma de la verdad se igualen, declarándome un hombre virtuoso y honrado. Quien sabe... ahora estoy en las manos de la balanza de Osiris, pero soy yo quien establece el peso de mi corazón.

Continuará en... Cuarta (y última) Parte: la decisión.

La balanza egipcia sopesaba el corazón del difunto
con el peso de la pluma de la verdad.

lunes, 12 de enero de 2015

Segunda Parte: nubes y claros.

Toda la casa para mi. Durante esta semana voy a estar de lo más tranquilo yo sólo. Bueno... ahora puedo estudiar más a mi ritmo, doce horas diarias si quiero, entrar y salir de casa, planchar sin que nadie me diga como tengo que hacerlo (ya tengo asumido que lo hago fatal). No está mal; pero... también tengo toda la casa para mi ¿verdad?

En la última semana se han acelerado los cambios en mi vida. El lunes por la noche recibí una solicitud de amistad de una antigua compañera de la universidad. No traté mucho con ella porque era del otro grupo y no coincidimos en ninguna asignatura. Sin embargo, la conozco de vista y si que conozco a muchas de sus compañeras, con las que he tenido más trato. Yo siempre he tratado de ser simpático con los camaradas de la universidad y tengo buena relación con muchos, fuesen o no a mi grupo. Acepté su solicitud porque tenemos amigos en común, y después de todo, sé quien es.

Le pregunté a una de sus amigas, que también lo es mía, si sabía porqué me pedía amistad ahora (hace ya varios años que nos licenciamos) y me dijo que era obvio: que quería ligar conmigo. La verdad es que cuando leí esta respuesta sonreí. Hacía tiempo que no me sentía cortejado. También soy despistado para captar esta clase de "indirectas". Aunque ella me habló en seguida y comenzamos una conversación de los más animada; la verdad es que es una mujer bastante directa. De hecho, después de esta primera conversación a través del chat me dijo que, si lo llega a saber, me hubiese "acosado" antes. Es una pelirroja de metro sesenta y poco, atlética, de mirada penetrante y friki de las series, ajena a los convencionalismos sociales y algo hogareña.

Hace ya casi tres meses que Elara me dejó. Reconozco que aún pienso en ella (es natural, supongo). Sin embargo, estoy muy contento porque no la tengo en mi cabeza a cada instante, como antes. Vuelvo a estar centrado en mi mismo y en mi pequeño mundo. Estudiar, gimnasio y dedicar tiempo a mis aficiones, amigos y familia en los pocos ratos que tengo libre. Elara está quedándose atrás como un bonito recuerdo; mientras yo sigo hacia adelante con mi vida (que no es poco).

Ya os he hablado de Mia. Ella fue la casualidad. Hemos quedado varias veces y whatsappeamos de vez en cuando. Agradezco que no me ametralle a mensajes, que con las oposiciones no podría soportarlo, pero igual esto le ha dado imagen que no tengo demasiado interés, lo cual es mentira y ya le dije que entre semana suelo estar bastante liado. Me encuentro bien cuando estoy con ella, es una persona con mucha conversación y cultura. Ya me ha recomendado algunos grupos musicales y varias pelis que me han gustado. Pero... nuestras citas no pasan de ahí. En los últimos días estoy pensando que quizás sea por eso que en la última semana no me presta mucha atención. Si le digo de quedar (no me gusta chatear durante horas cuando se puede quedar en persona en quince minutos), siempre responde que tiene algo que hacer. Creo que voy captando la indirecta, lo cual es una lástima.

Nunca me he caracterizado por ser particularmente lanzado. Mentiría si digo que no lo he hecho, claro, hay ocasiones en las que hay que lanzarse sí o sí; pero eso de ir a lo loco no es lo mío. Seguramente podría acusarme de ser excesivamente reflexivo para ciertas cosas. El caso es que con Mía y con Pelirroja no sé que hacer. Han vuelto a despertar en mi algunos pensamientos y sensaciones que llevaban casi tres meses dormidos (que no muertos, espero). Y desde hace un par de semanas vuelvo a tener ganas de... bueno, ya sabéis, de "poner la bala en la recámara". (Yo mismo me estoy descojonando de los "sinónimos" que voy a inventarme para eludir el filtro para mayores de 18 que tiene Blogger)

¿Todo el mundo me ha entendido, no? Sigamos pues.

No quiero convertirme en un poeta de bragueta. Estoy cansado de la falta de educación y respeto con gran parte de todo lo relacionado con este tema. Igual me he hecho mayor y lo veo de otro modo, pero pienso que para obtener esto que nos gusta a todos (y que no tan difícil), no vale cualquier forma ni estratagema. A veces basta con una frase, o más directo aún: una pregunta, pero actuar así acaba con parte del encanto (o lo anima, depende de la situación). Tampoco es cuestión de tiempo, de esperar. La regla de las "tres citas mínimo" resulta absurda, más que nada porque es una generalización hacia las personas, que precisamente somos lo más complejo y anti-generalización que existe en el planeta. A veces, si los dos quieren, una mirada es suficiente. Otras, pueden pasar semanas. No hay una regla matemática.


Lo importante es que es algo que tenemos que asumir, si no lo hemos asumido ya: que ésto nos gusta a todos (si alguien dice que no, miente como un bellaco). Por eso sé que tarde o temprano podría surgir con Mia, con Pelirroja, o con otra (ventajas de las soltería). Más cuando tengo toda la casa para mi. Aunque tal como tengo el corazón, el sexo sin amor no es lo que más me conviene. Creo que su consecuencia sería sentirme vacío por dentro; y sí, estoy hablando metafóricamente, pero desde el punto de vista sentimental ¡Malpensados! Todo lo relacionado con esto da para hablar mucho. Centrándome en mi realidad, supongo que a vosotros os pasa también (sobre todo cuando ya hace tiempo que estáis solteros/as), pero muchas veces la sensación oscila. Unas veces se lleva bien. Otras, la carencia y la disposición es tan grande que la sensación de agitación abruma, y eso es más difícil de llevar. Es una sensación de nubes y claros.

¿Qué se puede hacer a parte de lo evidente? Tan sólo dos cosas. Aguantarse o ponerle solución. No hay más. Pero como en toda empresa, puede que la inversión necesaria no garantice el éxito ni el beneficio. Como ya dije, desde mi punto de vista, las cosas sin sentimiento no valen la pena. Pero eso no quiere decir que me vaya a poner debajo del balcón de Julieta a cantarle con un arpa todas las noches durante meses hasta lograr su amor. Seamos realistas. Así pues, me balanceo en esa tormenta de nubes y claros, tratando de hallar un punto intermedio.

Por ahora me quedo con los claros. A la espera de encontrar la tormenta perfecta para mi. Pero si, lo sé, las nubes molan más, son divertidas, y después de todo, la vida está para disfrutarla y sentirla.

Pelirroja muestra mucho interés. Además, está un punto por encima en amabilidad y cariño. Quiere quedar conmigo, me lo dice claramente, pero sin achucharme, lo cual se agradece. Muestra paciencia sin perder disposición, al contrario que Mia. De hecho, anoche estuve tentado de quedar con ella, pero al final no lo hice. Lo haré. Me gustaría poder sentirla en persona, aunque sea para ir al cine. Sé que es una primera cita muy clásica, pero a ambos nos gusta el cine.

Como veis, esta segunda parte continúa la tendencia de la casualidad, de saber verla y aprovecharla (o no). No quiero que me pase lo mismo que cuando tengo que aparcar el coche y hay muchos sitios. Voy con el coche y comienzo a pasar y a pasar aparcamientos, intentando conseguir el mejor situado y más amplio, al final, dejo pasar tantos aparcamientos que me toca volver a dar la vuelta porque los he pasado todos. No es cuestión de aparcar en el primero que cojas, sino de aprovechar la oportunidad y de ver cual es el mejor sitio para dejar el coche. (Menuda metáfora más rara acabo de escribir...)

Volvemos al principio: sensación de nubes y claros y toda la casa para mi. Puedo ser bueno y pasear bajo el sol de los claros, o ser malo y correr bajo las nubes. No sé cómo se presentará esta semana, pero lo que está claro es que pase lo que pase, puede que se produzcan algunos cambios en mi vida (y parece que para bien) ¡Desearme suerte!

Continuará en... Tercera Parte: la balanza.


Postdata 1: Podéis dejar vuestras sinceras opiniones (como siempre), serán bien recibidas por mi parte y os lo agradeceré.

Postdata 2: Espero que Blogger no me ponga la calificación para adultos por tratar este tema, que después de todo es algo natural y lo he tratado de la manera más light posible.

domingo, 4 de enero de 2015

Primera parte: la casualidad.

La vida está llena de pequeñas (grandes) casualidades. A veces, vivir es cuestión de estar en el lugar y en el momento apropiado. Resulta curioso pensar que casi todo depende del azar. Algunos lo llaman "destino", pero buena parte de las cosas que nos pasan son fruto de la casualidad. No me refiero con a ello que el esfuerzo, la preparación o la intencionalidad no sirvan, que sirven; sino que, en general, el devenir no depende únicamente de uno mismo. El tiempo, el espacio o el momento justo también determina lo que nos ocurre, desde el mismo momento en que nacemos.

Por ejemplo. Hay días que estoy tan harto de estudiar que cojo el libro que tengo en la mesilla de noche (siempre tengo alguno) y me voy a una tetería del centro que tiene unos bancos de madera, con la mesa en medio al estilo de los bares de carretera americanos, pero todo más rústico, y donde la separación entre una mesa y otra tiene una cristalera blanca. Me siento en la última mesa, en la esquina, pegado a la pared. Allí me pido un Earl Grey caliente, si hace mucho frío o un Pakistaní con leche si necesito teína. El otro día estaba allí leyendo cuando una chica se me plantó al lado y me preguntó -¿Te puedo hacer una pregunta?- Obviamente ya la había hecho, pero le dije que si.

Me pidió educadamente si se podía sentar y le dije que sí, seguidamente se presentó. Mia es una chica de 36 años (sé que queda feo decirlo, pero es para poneros en situación) que parece no tener miedo a entablar conversaciones con extraños. Es una mujer de metro sesenta, morena y con un aire a Zoey Deschanel a pesar de tener los ojos marrones. Es guapa y tiene muy buen cuerpo, para que obviarlo. Estuvimos un rato hablando a pesar de mi sorpresa y mi desconcierto por su presencia. No llevé el peso de la conversación, está claro. Pero a pesar de todo, no me resultó una situación incómoda. Sin embargo, después de un rato hablando me dijo si nos intercambiábamos los teléfonos y le dije que si. Desde entonces, a veces hablo con ella. Pero sinceramente, no sé que quiere de mi y menos aún que quiero yo de ella. Como no me planteo ninguna pretensión, simplemente si hablamos y decimos de tomarnos una caña o picar algo por ahí, lo hago, sin mayor ambición. Disfruto de su compañía.

Como he dicho antes, la vida tiene mucho de azar... y las relaciones entre las personas aún más. Mi vida, tu vida y la de cualquiera no sería la misma si nos hubiera tocado en otra clase del colegio, o en otro instituto, o quizás si viviéramos en este o aquel barrio. Por no entrar en grandes cuestiones y decir que no es lo mismo nacer en España que en Senegal. Por tanto, el primer paso para relacionarse son las casualidades. Aquellos que no salen de casa, lo tienen más difícil que quienes salen y deambulan por ahí. Matemáticamente, el tiempo y el espacio que pasas fuera de la República independiente de tu casa aumentan las posibilidades de que sucedan gratas casualidades; como me ha ocurrido a mí. Sin embargo, lo más determinante es si quieres aprovechar esas casualidades que te suceden o no.

Por lo que he hablado con Mia, es buena persona Tiene unos conocimientos musicales brutales, casi abrumadores. Le gusta salir de fiesta y no parece tener "tablas", es decir, que es una persona realista que se adapta a las circunstancias, no tiene en mente encontrar a un príncipe azul o algo así, ni se le ve con exigencias o que pague con los demás sus recuerdos negativos de sus anteriores relaciones. Ya veremos donde acaba esto...

Para más inri, mis amigos me están insistiendo que tengo que instalarme en el móvil la aplicación Tinder, es una red social para ligar con gente de donde estés. Incluso Mia me la ha recomendado. Me han explicado como funciona un par de veces, pero por ahora me muestro reacio a instalarla; no tanto porque no quiera ligar sino porque no sé si estoy preparado aún para conocer a otra persona. Además, parece que funciona a través de Facebook y no quiero que mi privacidad se vaya a la mierda por una aplicación.

La cuestión que planteo en esta entrada es la siguiente. Descontando las frases que circulan por Internet al estilo de "Carpe diem" o "Al final sólo te arrepientes de lo que no hiciste, nunca de lo que hiciste", cuan importante es la casualidad; no lo menospreciemos. Quizás te cruces a tu media naranja todos los días por la calle y no le prestes ni atención o puede que esté ahí, a tu lado y no quieras verlo. Es un tema que da que pensar. Con la madurez que ya tengo, con las experiencias que he vivido, con todo lo que he aprendido en estos treinta años, sé que no existe la posibilidad de conocer a otra persona y que arriba de su cabeza aparezca un "cartel divino" indicando que es la mujer de mi vida. Eso son sueños de película. Pero si que estaría bien reflexionar acerca de cada persona que me vaya interesando, ya que podría ser que una persona que vive a trescientos kilómetros sea mejor que trescientas personas a un kilómetro, o puede que alguien a quien he "etiquetado" de una forma concreta sea una persona (casi) perfecta para mi. Nunca se sabe.

De esta forma considero que debo empezar a estar más abierto a conocer a las personas, no tonteando ni convirtiéndome en un "machito ligón" de los que hablan mucho y luego nada, sino de estar abierto a mirar más allá de la primera imagen que me creo de alguien; estar dispuesto a descubrir, dispuesto a darme una oportunidad a mi, porque quien sabe, igual alcance lugares en el alma de una persona donde nunca nadie ha llegado antes.

Por eso también quiero valorar a la gente como se merece. Porque cuando nos contamos cosas íntimas, cuando nos abrimos o cuando tenemos pequeños detalles con los demás, son grandes cosas a tener en cuenta. De esta forma, sea con Mia o quienquiera que aparezca gracias al impredecible juego de la casualidad, me propongo estar dispuesto a explorar el futuro que me espera y sobre todo las personas que aparezcan en mi vida. Como ya escribí en "Soledad que me ahogas, deja ya de mirarme", la soledad es muy puta y no hay nada peor que sentirse sólo cuando estás rodeado de gente, que mejor o peor, seguro que algunas personas esconden maravillas por conocer. De nada sirve encerrarse en sí mismo y no estar dispuesto a arriesgarse a descubrir.

Continuará en... Segunda Parte: nubes y claros.



Postdata: Resultados de la encuesta del último mes "¿Cuál debería ser mi meta con respecto a Elara para este mes de Diciembre?".
1. Quedar con ella. Un café. (3) 27%
2. Seguir hablando por Whatsapp. (3) 27%
3. Decirle: "Te esperaré". (1) 9%
4. Olvidarla. (5) 45%
5. Salir y buscar a otra. (2) 18%
Gana por mayoría simple la opción "Olvidarla" con el 45%
Nueva encuesta: "¿Qué es lo que más valoráis de una persona?"