miércoles, 25 de marzo de 2015

Lo que la primavera trae consigo.

A lo largo de la última semana he tratado de mejorar ese ánimo que os comentaba en mi anterior entrada. La verdad es que no me ha resultado difícil, no por mi, sino porque a veces, igual que todo sale mal, puede comenzar a salir bien. Puede que sea demasiado optimista, pero lo que quiero decir es que el blanco y el negro nunca duran para siempre.

Aunque la primavera llega cubierta por un tenue manto de cielo gris, de vez en cuando el sol sale entre las nubes, y lo hace con fuerza. El invierno se está quedando atrás y realmente estamos en el primer escalón del buen tiempo. El sol del verano (decir esta frase ahora queda muy Rita Barberá, pero yo la acuñé antes... y sobrio) se acerca a nuestra piel, ya casi podemos presentirlo. Por eso, alguna valiente y bella flor morada comienza a surgir de su letargo invernal. Y es que este año me he propuesto disfrutar más de las pequeñas (grandes) cosas, porque precisamente son esas cosas las que nos hacen hacen valorar los momentos antes de que se conviertan en recuerdos de pequeños momentos que no vuelven jamás.

"Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla" (Confucio)
[Fotografía Copyright by Jack©] 

Anímicamente me encuentro mejor. Creo que todos aguantamos estas situaciones, pero a veces el cuerpo y la mente nos dice basta, tropezamos, lo superamos y nos levantamos de nuevo; porque la vida sigue, el mundo nunca deja de girar. Sin embargo tengo que llevar cuidado, el corazón y la cabeza deben estar en forma para cualquier imprevisto.

Con las oposiciones sigo igual de agobiado. Los que están en mi misma situación sabrán que es realmente difícil olvidarse de el temario aunque sea por un rato o un día. Siempre está ahí, circulando por la mente como un fantasma que no te deja dormir. Sin embargo, trato de aprovechar mis días lo máximo que puedo e irme a dormir sabiendo, que he hecho lo que tenía que hacer... aunque siempre se pueda hacer más, lo importante es no hacer menos. Tengo dividido el trabajo de las oposiciones en semanas, con unos objetivos concretos. De esta forma, si un día no estoy muy inspirado, puedo recuperarlo otro día. Considero que es una buena forma de enfrentarse a este reto.

A pesar de las oposiciones, trato de salir del "opozulo" donde paso la mayor parte de mis días. Por eso, la rutina de ir al gimnasio me viene genial para desconectar en la medida de lo posible, poniéndome los auriculares y disfrutando de mi música mientras hago ejercicio (¿Soy el único que piensa que la música de los gimnasios es lo peor?). Precisamente esta mañana, tras darme una buena paliza de gimnasio, me he quedado mirándome un momento en uno de los espejos que hay allí. No soy hedonista, nunca lo he sido; más bien lo contrario, asutero y prudente; pero si me permitís, voy a hacerme un homenaje fotográfico (porque yo lo valgo). Me he visto reflejado y no he podido evitar fijarme en como la decisión de apuntarme al gimnasio tras dejarlo con Elara está cambiando mi cuerpo; las venas se me marcan más en los brazos, los pectorales en mi camiseta azul y los gemelos más hinchados de hacer bici (lo que más me gusta del gimnasio, ya lo he dicho otras veces). Además, aunque el gimnasio sigue sin ser la pasión de mi vida, si que me hace sentir mejor y como rutina es agradable.

"Mens sana in corpore sano" (Décimo Julio Juvenal)
[Fotografía Copyright by Jack©]

Sin embargo tengo que manifestar que la fauna que hay por el gimnasio, exceptuando algunos pocos, son la gente más extraña que he visto en mucho tiempo. Desde señores mayores con mallas ajustadas, más señores mayores exhibicionistas en el vestuario, hasta los chavales tirillas que levantan una pesa y luego están cinco minutos con el móvil. Es lo que tiene ir a un gimnasio de barrio, está lleno de gente de barrio. Pero me quedo con dos casos muy concretos. El primero es el dueño del gimnasio, quien, después de escaquearme más de dos meses de él, finalmente me hizo un "entrenamiento personalizado". Por la cantidad de ejercicios y repeticiones que me ha puesto, ese entrenamiento no lo hace ni Rambo. Os juro que no sé de que va este hombre... Supongo que trata de vender su producto, pero también debe darse cuenta que soy una persona inteligente y no me va a convertir en un flipado de gimnasio. Más cuando nunca estoy más de una hora porque tengo muchas cosas que hacer, como estudiar las oposiciones. El segundo caso es más esperpéntico. Se trata de un chico que tendrá mi edad pero va vestido como un rapero del barrio de Harlem de Nueva York, con gorra, camiseta de tirantes con colores estridentes y pantalón corto de los años 80 (esos con los que prácticamente se te ve el culo). Siempre me está hablando, sobre cosas ni siquiera comprendo (se ve que no estoy en la onda, tronco). En el gimnasio le tolero, no tengo más remedio; pero en el vestuario resulta incómodo que se plante delante mío (mientras estoy cambiándome sentado en el banco), desnudo y con su pene a pocos centímetros de mi cara. Menos mal que tengo una paciencia infinita y me lo tomo con humor, que sino, escribía un libro sobre la gente tan extraña de mi gimnasio (o le gritaba que no soy del Real Madrid, a ver si deja de darme la brasa).

Mi siguiente propósito es salir más. Quiero mucho a este escritorio y este ordenador en el que ahora tecleo, pasamos mucho tiempo juntos. Pero como me ocurre con el gimnasio, debo salir con mis amigos. Nureb y Ava siempre procuran sacarme de casa, cuando logran convencerme y me obligan a ello. Salir, despejarme, bailar y reír, eso siempre hace falta. Pasear por el puerto durante una noche cualquiera, mirar al mar y sentirme liberado bajo las estrellas.

Pero no puedo acabar este relato sin hablar de Mirada. La conozco desde hace poco y por casualidad. Una de esas pequeñas (grandes) casualidades que antes os contaba que pasan de vez en cuando. Tiene una calidez especial que me agita, lo que hace automáticamente que mire hacia delante y no hacia atrás. Ella se encuentra en una situación muy similar a mí, por eso, en poco tiempo, hemos logrado darnos un empujoncito mutuo para tratar de superar nuestras respectivas rupturas. Noto como gracias a ella estoy rompiendo los últimos lazos que me unían al Elara y ella hace lo mismo. Además, he sentido que cuando nos encontramos mal, necesitamos alguien que esté ahí, que nos comprenda para cogernos de la mano y dar un salto hacía delante. Decir que todo va a salir bien no es suficiente.

También he de reconocer que su dulce mirada ha despertado en mi sensaciones que hace tiempo creía dormidas. Porque a veces una mirada lo dice todo y eso es más de lo que puedo pedir. Gracias a ella estoy cortando los últimos cabos del pasado, porque me he dado cuenta que hay mucho por vivir, descubrir y sobre todo sentir. Poco a poco voy saliendo de la Estación del Olvido.... porque hasta el volcán más dormido puede volver a entrar en erupción ¿verdad? Quiero decir que cuando menos te lo esperas, te puedes llevar una grata sorpresa.

Por eso creo que la primavera ha llegado cargada de entusiasmo (espero). Continúo con paso firme en la difícil senda de las oposiciones, esperando conseguir mi sueño, sabiendo que no estoy solo en el mundo (gracias a mi familia, amigos y conocidos), manteniendo la rutina del gimnasio que me hace sentir bien (y reírme, para que negarlo). Ahora me queda salir al mundo y volver a integrarme en él, porque la primavera brota de nuevo.

No cierres esos ojos, que tienen la luz que me falta.

lunes, 16 de marzo de 2015

Perdido en mi habitación.

En la entrada anterior os hablé del tiempo, de como fluye, pasa inquebrantablemente, sin freno; y como yo, insignificante dentro este gran mundo repleto de gente, trato de asumirlo y de aprender, en la medida de lo posible, de toda la sabiduría que aporta el paso del tiempo.

Últimamente no me encuentro bien, lo sé. No quiero asumirlo porque trato de no preocuparme a mi mismo. Soy de esas personas que no pueden disimular el estado de ánimo. Por eso a lo largo de mis días, trato de pensar en otras cosas; procuro distraerme con cualquier cosa: leyendo, estudiando para las oposiciones, yendo al gimnasio. Me sabe mal que se me note y sobre todo, lo que más me preocupa es que otras personas lo noten, en particular mi familia. No quiero preocupar a mi madre, ella ya tiene suficientes preocupaciones como para darle más. Pero no sé si puedo seguir mucho más tiempo así.

¿Por qué? Por todo. Las oposiciones son una dura prueba. A veces desearía que los días tuvieran 36 horas en vez de 24 para poder hacer estudiar todo lo que quiero. Pero sólo tienen las horas que tienen. Pienso que no aprovecho de todo el tiempo que tengo, está claro que podría ser mucho más disciplinado, dedicarle más horas, buena parte quitándoselo a otras actividades. También me influye el estado anímico, cada vez más rasgado por la acción de las olas que no para de golpearme. Los recuerdos también me asaltan por las noches, en mis sueños, cuando más indefenso estoy. Todo este cóctel de cosas provocan que llegue a pensar que me pasa algo físico, que estoy enfermo por cualquier síntoma que pueda padecer, y me haga considerar, que debo compadecerme de mi.

Lo paradójico de todo esto es que, en realidad apenas disfruto del tiempo libre. Es más, creo que no "me dejo" tiempo libre. A lo largo de la semana procuro pensar como disfrutar del tiempo, pero luego no me apetece hacer nada. Aunque vivo en este gran mundo repleto de gente, no puedo evitar sentirme solo, como ahora, un domingo... bueno, lunes ya, de madrugada; sentado delante del ordenador sin poder dormir porque sé que mañana empezará otra semana y la rueda volverá a girar. Realmente me siento "seguro" en casa y no me apetece salir, conocer gente nueva, salir de fiesta o el sexo. No es que me esté haciendo antisocial, sino que estoy pasando por un momento en el que quiero estar solo. Claro que también puede también que esté solo y trate de adaptarme a pesar de que no quiero estar solo (como veis soy un hombre que valora todas las posibilidades).

Aunque hace tiempo que no escribo sobre Elara, de quien asumo que nació este blog, ella sigue estando ahí; no se marcha. Aunque ya no fragmenta mi alma y su recuerdo no me atormenta, es inevitable que su recuerdo me acompañe como ese incómodo fantasma que no quiere dejarme. No pasa un día sin que piense en ella, sin que eche de menos, no a ella, sino a su recuerdo, porque ella hace tiempo que abrió la puerta y se fue de mi vida.

En estos momentos echo de menos la seguridad que te ofrece saber que hay alguien pensando en ti. de coger el móvil y contar lo que siento mientras me escuchan atentamente. Saber que hay alguien ahí fuera. Está claro que la gente que me conoce pensará de vez en cuando en mi (digo yo); pero no me refiero a ese pensamiento, sino al que supone que una persona te ame. Esa sensación de cálida seguridad, de saber que te puedes enfrentar a todo... de las ganas de vivir.

Pero ahora no estoy así. Como un astronauta perdido en el espacio, viajo, sin saber muy bien a dónde, con la única compañía de mis libros, apuntes y un ordenador; mientras busco, como cualquier explorador que se precie, un paraíso para mi.

No obstante, me estoy dando cuenta, conforme tecleo las letras de este texto en mi ordenador, que peco de egoísta, de desdichado. Escribo esto para que lo leas, mientras te digo que me siento solo ¿Qué paradoja verdad? Supongo que por eso la soledad es tan puta, porque sencillamente se trata de algo que me impongo, que me creo, para protegerme o para sentirme seguro dentro de este pequeño mundo que no va más allá de las paredes de la habitación. De esta forma dejo de teclear, suspiro y miro al techo. Luego pienso que es hora de apagar el ordenador, de dormir un poco y dejar atrás este domingo, porque mañana es lunes y el juego comienza de nuevo. Es hora de saltar por encima de esas sensaciones que me hacen sentir mal y ponerme en pié (o el pijama), porque ningún traspiés dura eternamente.

A veces estoy solo y nadie me acompaña.

lunes, 9 de marzo de 2015

37:75

Todos los días, muy cerca de mi casa, paso por debajo de un reloj digital de estos que tienen los números apuntando a la calle en un cartel de propaganda, donde los números son rojos sobre el fondo negro. Este reloj tiene la particularidad de estar siempre marcando la misma hora, como el reloj de Hill Valley en la saga de Regreso al Futuro, aunque parece ser que en este caso se debe más al abandono del dueño que a un mítico rayo que cayó sobre él. Sea como fuere, el caso es que siempre que paso por allí no puedo evitar mirarlo y ver que continua marcando la misma hora de siempre, las 37:75.

Es curioso como cada día, llueva, nieve, haga frío o calor, sea mañana o hace diez años, continuo mirando ese reloj día tras día, para ver como marca la misma hora. Parece que el tiempo pasa para todo el universo menos para ese marcador. El otro día pensé que si tuviera ojos, habría visto mi evolución el los últimos diez años, que no son poco tiempo. Hace tanto tiempo mi vida era completamente diferente, como supongo que lo será dentro de otros diez años. Yo vivía resignado a una vida mezquina; era una persona conformista y carente de madurez para afrontar los cambios que estaban desarrollando en mi vida.

Por suerte, a base de malas experiencias, aprendí más de lo que nunca he aprendido y pude superar todo eso. Por desgracia, de lo malo es cuando más se aprende ¿verdad? Así que pude superar la ruptura con mi primer gran amor (dicen que el primer amor es el más verdadero, aunque yo no lo creo), y aunque mis días se pasaban con una rutina tediosa en un trabajo mezquino, también me di cuenta que eso no era lo que quería hacer toda la vida, quería cumplir mis sueños, volver a estudiar y alcanzar mis metas.

Diez años después, conseguí esas metas que me marqué. Fui uno de los mejores de mi promoción en la universidad. Soy una persona infinitamente más madura, sabia y sobre todo equilibrada de lo que era cuando el reloj comenzó a marcar las 37:75. Aunque... aún me queda mucho por aprender.

Pero esto también deja claro que el tiempo no se para. No deja de pasar. Hay una frase que me encanta y que dice: "el tiempo es la hoguera donde nos quemamos". Tiene razón. El día de hoy no volverá jamás, y aunque sea un tópico decir esto, hay que aprovechar cada día como si fuera el último... bueno, tal vez como su fuera el último no, que sino no nos daría la cartera para champán y caviar, pero si procuro acostarme con la sensación y satisfacción de haber aprovechado el día que he vivido.

Ahora bien, como el tiempo no se para, siempre avanza inexorablemente hacia el abismo. La única constante de la vida es la muerte, por tétrico que pueda sonar. Es por ello que, después de cumplir los 30 me he dado cuenta que ya jamás volveré a ser un veinteañero. Por eso, ahora no necesito tanto tiempo para madurar y aprender. Ahora los cambios se producen con más rapidez y estoy dispuesto a aprovechar las ventajas de estar vivo y de esas pequeñas y frescas casualidades con que la vida nos salpica de vez en cuando.

Siguiendo la estela de más frases sobre el tiempo, el magnífico poeta romano Virgilio dice que "el tiempo se va para no volver" (Fugit irreparabile tempus). Mientras que el filósofo y político romano Séneca decía que "la vida es como una leyenda; no importa que sea larga, sino que esté bien narrada". Desde luego el inevitable paso del tiempo es uno de los conceptos que más dan que pensar. Aunque esto del tiempo también depende mucho del cristal con que se mira, porque la duración de un minuto puede depender de cuanto tarde en salir del aseo el que está dentro cuando te mueres por entrar.

Por eso aunque el tiempo pase, hay que mantener fijas las buenas horas, como el reloj que siempre marca las 37:75, y que espera, impasible, que algún día se dignen a arreglarlo poniéndolo en hora. Aunque eso también, quitaría parte del encanto de esa calle de mi barrio. Pero el tiempo es así, sólo cambio, como el invierno que ya nos deja para dejar paso a la primavera.

Oh! Fugit irreparabile tempus...

Aquí están los resultados de la encuesta enero-febrero ¿Qué es lo que más valoráis de una persona?, de mayor a menor número de votos:

  1. Su forma de pensar y de ser. (66%)
  2. Sinceridad. (55%)
  3. Empatía y que genere seguridad. (55%)
  4. Cariñoso/a. (55%)
  5. Honesto/a y auténtico/a. (50%)
  6. Sensibilidad. (50%)
  7. Comprometido/a. (50%)
  8. Divertido. (44%)
  9. Independiente. (44%)
  10. Optimista, generoso/a y amable. (44%)
  11. Saber escuchar. (44%)
  12. Sencillez. (33%)
  13. Reflexivo/a. (33%)
  14. Simpatía. (33%)
  15. Que haya conexión sexual. (27%)
  16. Un punto de locura. (16%)
  17. Su atractivo físico. (11%)
  18. Hablador/a. (11%)
  19. Sus logros personales. (5%)
  20. Ambición. (5%)
(Acepto sugerencias para una nueva encuesta, sobre cualquier cosa general o personal mía que queráis)